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Alfonso Díaz Rey

La lucha es por la vida

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Al reflexionar un poco sobre la anterior entrega, La extinción del hombre, podríamos advertir la gravedad de la crisis que golpea a la humanidad, cuya expresión ambiental, por el peligro de la desaparición de la especie humana, también podría parecernos la más dramática.

Sin embargo, las expresiones de la misma crisis en los planos económico, político y social tienen consecuencias devastadoras aun para los países más ricos del planeta, aunque no en todos los rincones del mundo se presentan de la misma forma e intensidad.

Dado su carácter estructural, las diferentes expresiones de la crisis se entrelazan, interactúan y se condicionan entre sí, de modo que es prácticamente imposible resolverla parcialmente sin crear nuevos problemas, consecuencias y contradicciones.

En el terreno ambiental han sido muchos los intentos para implementar y aplicar medidas y políticas encaminadas a detener el deterioro del entorno y siempre se han topado con grandes intereses económicos que las han hecho inoperantes.

Esos intereses, que se concentran en una pequeña parte que representa menos del 0.1% de la población mundial, son la causa de la mayoría de los problemas que padece la humanidad. Quienes conforman ese segmento social tienen, además del poder económico, el poder político

en casi todo el mundo y son quienes definen, mediante sus leyes, las medidas y reglas en los terrenos económico, social, político y cultural que les permiten reproducir las condiciones para mantener y reforzar su dominio sobre los demás y continuar incrementando su capital y su poder económico.

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El sistema económico, político y social en que se dan y promueven las condiciones para que exista un desmedido afán en búsqueda de ganancias a costa de lo que sea, para concentrar capital y poder, es la causa a la que aludimos líneas arriba.

La etapa de la humanidad en que más se ha acentuado ese poder es esa a la que Alberto De la Torre se refirió en la anterior entrega de esta columna, con las consecuencias y peligros que en su escrito señala sobre aspectos ambientales.

El brevísimo plazo que como humanidad tenemos para evitar una extinción masiva de la mayor parte de la vida en el planeta nos plantea definir con claridad un objetivo estratégico, algo en lo que todos estemos de acuerdo y promueva la organización y la unidad de todas las luchas. Ese objetivo es: la vida. No será una lucha por la defensa de alguna forma de vivir, sino por la vida misma.

Y la claridad en el objetivo necesariamente deberá incluir que la aspiración es a una vida digna, no una situación en la que una parte de la humanidad se muera de hambre, de enfermedades prevenibles y curables o en la búsqueda de condiciones que le permitan sobrevivir, como sucede con grandes grupos de migrantes de África, Asia y América Latina.

Porque, por poner un ejemplo, la migración, como actualmente se presenta, es un fenómeno producto del colonialismo, el despojo, la explotación, el desmembramiento de naciones originarias, realizados por las potencias capitalistas en búsqueda de riqueza en territorios fuera de sus fronteras nacionales, riqueza que utilizaron para financiar su desarrollo. Lo único que dejaron en los territorios colonizados o conquistados fue devastación, miseria, desintegración social y subdesarrollo.

Actualmente esos efectos los produce el capital financiero monopolista, mediante mecanismos como los préstamos con cargo a la deuda externa y la globalización neoliberal.

Son tan grandes, generalizados y peligrosos los efectos de la actual crisis que se ha dado en calificarla como una crisis civilizatoria, denominación que incluye a todos los seres humanos como responsables en la búsqueda de una solución definitiva para evitar mayores consecuencias. En este sentido, debiéramos aprender de los pueblos originarios en cuanto a su relación de dependencia con la naturaleza y su respeto por ella para establecer las bases de un desarrollo incluyente y sostenible.

La lucha por la vida empieza por tomar conciencia de nuestra realidad y cambiar radicalmente lo que de esa realidad nos afecta, esto es, atacar las causas y construir las bases para una nueva sociedad en la que vivamos libre y dignamente.

Salamanca, Guanajuato, 6 de agosto de 2017

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