LAS ELECCIONES Y LAS LUCHAS DEL PUEBLO

Que al fundir el corazón en el alma popular, lo que se pierde de nombre se gana de eternidad… Machado POR QUÉ CONSIDERAMOS IMPORTANTE ACTUAR EN ESTA COYUNTURA Hoy...

Que al fundir el corazón en el alma popular,

lo que se pierde de nombre se gana de eternidad…

Machado

POR QUÉ CONSIDERAMOS IMPORTANTE ACTUAR EN ESTA COYUNTURA

Hoy se suele coincidir en la opinión de que las elecciones de este 2018 revisten una gran importancia y pueden ser cruciales para el futuro de la nación. En los días que corren la vida política se llena de propaganda electoral, principalmente ahora a través de los medios de información que trasmiten miles de costosos anuncios promocionales de los candidatos, partidos, instituciones gubernamentales y electorales. Ante esta situación diversas fuerzas políticas asumen posiciones distintas: algunas piensan que las elecciones constituyen el eje de la democracia y que éstas por sí mismas permitirán resolver los problemas de país y de su gente, lo cual es, en el mejor de los casos, ilusorio; otras más bien consideran que lo electoral no tiene importancia y que solamente distrae al pueblo, ya que, dicen, todo está decidido de antemano, y esta postura deriva en ocasiones en desaliento y rechazo a la acción política.

Nosotros estamos convencidos de que, sin ser fundamentales, los procesos electorales han cobrado importancia en América Latina, por la creciente presencia de nuevas fuerzas sociales como contendientes de las oligarquías que han detentado el poder en la mayor parte del continente, y que en las actuales condiciones no parece acertado menospreciar el creciente y amplio movimiento popular que se desarrolla de manera distinta pero coincidente en nuestros países en torno a candidaturas progresistas y de centro-izquierda. En el último medio siglo en México ha crecido y tiende a consolidarse un movimiento popular opositor a la estrategia económica y política vigente, el que además de brindar de manera cotidiana luchas reivindicativas en todos los estados del país, en las últimas tres décadas también participa cada vez más activamente en los procesos electorales.

La lucha política e ideológica ha cobrado tal importancia en el campo electoral a partir de 1988, que las elecciones ya no son un mero trámite como en la época en que ni campaña requería hacer el partido y los candidatos oficiales, cuando los otros contendientes desempeñaban el papel de comparsas. Hoy, a pesar de lo banal de muchas de las promesas electorales y de algunas campañas en sí mismas, los planteamientos políticos permiten ubicar las posiciones de los protagonistas y, en ciertos casos, contribuyen a movilizar a amplios segmentos sociales, pese a que la gran mayoría de nuestro pueblo no milita en los partidos tradicionales, ni cree en ellos.

Desde luego, aquí los procesos electorales no son verdaderamente democráticos, entre otras cosas por la presencia dominante del dinero y de los intereses privados en los medios de información y porque los partidos y el sistema electoral mismo dependen de enormes recursos gubernamentales. A pesar de ello, la acción electoral es importante porque en esa contienda se destacan los problemas nacionales, se movilizan a las distintas clases y segmentos sociales en torno a posiciones político ideológicas, y porque permiten también incidir en la correlación de fuerzas políticas.

Sabemos que la lucha por la transformación de nuestro país tendrá que transitar una larga ruta, y que escoger los métodos de lucha debe corresponder en cada momento a las condiciones existentes; y las elecciones son, en la situación actual, un campo de lucha más que

no debiera menospreciarse por quienes pretendemos esa profunda transformación. Sustraerse a ellas representa pues, en nuestros días, abandonar un espacio de lucha política, lo que no parece la mejor opción en la perspectiva de nuestro pueblo por acumular fuerzas e impulsar desde todos los frentes posibles, esas grandes transformaciones que México requiere.

UN CONTEXTO MUNDIAL COMPLEJO QUE ABRE POSIBILIDADES PARA AVANZAR CON LAS LUCHAS DE NUESTROS PUEBLOS

El mundo de nuestros días vive el recrudecimiento sin precedentes de la ya larga y profunda crisis económica, social, política e ideológica de las sociedades capitalistas contemporáneas. La crisis es profunda, se ha vuelto crónica y afecta a todo el mundo, pero su núcleo radica en los países desarrollados, particularmente en Estados Unidos en donde a pesar del crecimiento económico de los últimos años persiste una caída tendencial de la tasa de ganancia de los grandes corporativos, lo que a la vez que agudiza la crisis, estimula más la globalización imperialista en marcha. Dicho en otras palabras, el capitalismo vive graves problemas que se revelan en el estancamiento que sufre la economía por más de cuatro décadas y, como consecuencia de ello, el incremento de la financiarización del sistema, o sea, del acelerado proceso hipertrófico de crecimiento mundial del aparato financiero a costa de la inversión productiva y el empleo, lo que profundiza la desigualdad, la pobreza y de manera particular el deterioro del medio ambiente.

La crisis se expresa además en la agudización de las luchas de clases, en la profundización de las contradicciones Estado-Nación e imperialismo-lucha revolucionaria; a la vez, en el surgimiento de una peculiar derechización de la política con rasgos de neofascismo, como lo revela la elección de un presidente como Donald Trump en la principal potencia imperialista, así como en la creciente agresividad de ésta, manifiesta en las amenazas constantes de desatar nuevas guerras, ahora nada menos que contra Rusia, China, Irán y Corea del Norte. Todo ello en el marco de los fracasos de las guerras de ocupación y búsqueda de la destrucción total de Irak, Afganistán, Palestina, Libia y Siria, pero también como una peligrosamente falsa salida a la misma crisis.

En varios países árabes han caído gobiernos antes impuestos por Estados Unidos y no se restablece la paz en la zona. Israel ya no sólo es una cabeza de playa de las potencias occidentales en el Oriente Medio, sino también una peligrosa potencia nuclear sin control alguno por parte de organismos internacionales. A la vez, cada día se revelan nuevas evidencias de la creciente intromisión imperial en países hermanos del Centro y el Sur de América como Venezuela, Bolivia, Argentina, Brasil, Ecuador, Uruguay y varios Centroamericanos. En todos ellos se libran hoy importantes luchas por parte de extensos movimientos políticos y sociales, como efecto de los significativos avances logrados por luchas sociales y políticas diversas en la defensa de la soberanía, lo que ha provocado pasos importantes en su búsqueda de un desarrollo independiente y al margen de la subordinación económica y política de los organismos internacionales que controla el mismo imperio, lo que a su vez suscita una creciente agresividad apoyada también por las oligarquías locales, con golpes de Estado encubiertos y campañas mundiales de desprestigio en contra de tales procesos.

La crisis actual y la reestructuración capitalista son, así, cada día más profundas y complejas; han generado en el último lustro cientos de millones de nuevos desempleados y subempleados, y un grave deterioro del aparato productivo mundial. Los problemas ambientales, alimentarios, financieros, de deuda y fiscales inciden negativamente en la economía de prácticamente todos los países del orbe. A pesar de que se intenta ocultar la globalización de la crisis, cada día se

da constancia del incremento de la violencia y la ilegalidad, del narcotráfico y en general de una crisis moral de las sociedades capitalistas contemporáneas.

LA CRISIS Y EL ESTANCAMIENTO EN MÉXICO

En México la situación no es mejor. La capacidad productiva y organizativa del país es cada día más dependiente y endeble; por ello, la caída de la economía en 2007-2009 fue la más grave de prácticamente todos los países de América Latina y el Caribe. El país lleva más de tres décadas de un crecimiento sumamente lento; comparado con la tasa de crecimiento de la población el crecimiento de la economía ha sido realmente de cero. El deterioro social por la crisis y por las políticas neoliberales dominantes genera un agravamiento sin precedentes de la desigualdad. La causa principal de que crezca constantemente la pobreza es que los medios de producción y de empleo están acaparados por una minoría, lo que produce una enorme concentración de la riqueza en manos de la clase dominante-dominada y en particular de la oligarquía.

Quienes ejercen el poder económico en defensa de sus intereses, intervienen cada vez más abiertamente en la vida política nacional. Controlan los medios de información y hacen uso de “comunicadores” y “analistas” económicos y políticos para difundir y consolidar en la llamada “opinión pública” una ideología contraria a los intereses del pueblo y de la nación; imponen a los funcionarios públicos defensores de sus intereses; intervienen por medio de instituciones y organismos creados a propósito hasta en la educación pública, y deciden junto con el capital monopolista trasnacional el uso y destino de los recursos nacionales, como en el caso del petróleo, la electricidad, la tierra, el agua, las costas, el suelo y el subsuelo, por lo que ahora pretenden decidir nuevamente quién habrá de gobernarnos por otros seis años.

México vive por ello una desfavorable realidad política en la que quienes han ejercido el poder por décadas, pretenden ahora asegurar por muchos años más el control sobre decisiones fundamentales. Es sabido que la fuerza incontrastable de la fracción más poderosa de la clase dominante, la oligarquía, es estructural y su poder no emana ni depende principalmente de los resultados electorales y de los puestos gubernamentales. Pero para dicha fracción, renovar sexenalmente su control en el gobierno es fundamental, porque ello le permite mantener su influencia dominante sobre el resto de las instituciones de la República y cooptar los principales puestos en donde se toman muchas de las decisiones económicas y políticas más importantes para el país.

Por ello y ante la difícil situación de creciente desigualdad social, de dependencia y subordinación ante el imperialismo estadounidense; de deterioro económico, del aparato productivo y del empleo, así como de la descomposición social sin precedentes, un grupo de ciudadanos expresamos reiteradamente nuestro acuerdo con diversas causas populares y progresistas y ante la situación política nacional hemos decidido dar a conocer nuestro punto de vista a otros, muchos de ellos también simpatizantes de las causas más genuinas de nuestro pueblo, con la idea de recoger inquietudes y buscar coincidencias que nos permitan apoyar conjuntamente la lucha común por transformar el estado actual de cosas.

NUESTRO PUEBLO SE ENCUENTRA EN MEJORES CONDICIONES PARA AVANZAR

Sabemos ahora que una verdadera transformación depende de la conciencia, la unidad y la organización de amplios segmentos sociales y de la articulación de nuestras luchas con las de otros pueblos, particularmente los de América Latina. Sin embargo, para superar las difíciles

condiciones que padecemos, hay que modificar la desfavorable correlación de fuerzas, lo cual no es fácil, pero tampoco imposible.

En nuestro país se libran hoy múltiples luchas locales, sectoriales, de mujeres y de jóvenes, sindicales, campesinas, de los pueblos indios, por los derechos humanos, contra la violencia y la injusticia, populares en general y libertarias en los más diversos campos culturales. Sin embargo, en nuestros días los intentos de coordinación y articulación de estas luchas son incipientes y desiguales, con avances y retrocesos. Los procesos unitarios y de alianzas para avanzar juntos en una sola dirección son ejemplares, pero escasos.

En el campo de los partidos y de las organizaciones políticas progresistas la situación no es mejor. El sistema tradicional de partidos vive una profunda crisis no sólo en nuestro país, sino prácticamente en todo el mundo capitalista; y a pesar de ello, no es imposible cerrarle el paso a la continuidad y el continuismo de las políticas antipopulares y antinacionales dominantes ya por décadas.

Nosotros pensamos que, para lograr un cambio favorable en la correlación política de fuerzas hoy, es importante no depender exclusivamente de la acción de los partidos, sino además reforzar el reconocimiento y la aceptación del carácter diverso de las luchas que se libran en México, ya que ello no obstaculiza, sino que, por el contrario, puede enriquecer los procesos unitarios.

Es indispensable superar el sectarismo y aceptar que es tan válida la digna y dignificante lucha de las comunidades indígenas zapatistas de Chiapas y otras con similares demandas en distintas partes del país, como la de los obreros electricistas, mineros o de la aviación; las que libran algunos partidos por ciertas causas, las luchas del campesinado y las de las mujeres, las de los maestros y las actuales en contra de los feminicidios, las de los jóvenes sin oportunidades en este país de jóvenes; las que se desarrollan actualmente contra la violencia, por la paz con justicia y dignidad y otras, como las que se libran en contra de la represión gubernamental y de los aparatos represivos del Estado, la desaparición forzada como la no resuelta de los 43 de Ayotzinapa y de muchos jóvenes y estudiantes o las que se dan en defensa del medio ambiente.

En fin, es necesario avanzar en una actitud unitaria de reconocimiento de lo que cada quién hace conforme a sus diferentes condiciones, no equivocarnos al ubicar a los enemigos del pueblo, más bien saber la dirección en contra de que y quienes dirigimos nuestra lucha, esto es: dónde radica el centro del poder y en contra de quienes con todos sus recursos y fuerza se oponen a modificar el estado actual de cosas.

PODEMOS ENTRE TODOS CREAR MEJORES CONDICIONES PARA LAS LUCHAS

Creemos que México vive una nueva situación política interna e internacional difícil, compleja, y en muchos sentidos desfavorable. El momento no es, sin embargo, del todo adverso. Puede abrir nuevos caminos prometedores a las luchas de la gente por mejorar sus condiciones socioeconómicas y por hacer de nuestro país uno más justo e independiente, lo que se puede alcanzar si nuestro pueblo logra ubicar y transitar por los resquicios que ofrecen las condiciones políticas actuales.

El proceso electoral en marcha revela el descrédito de la política antipopular y antinacional del gobierno de Enrique Peña Nieto. Nadie, ni siquiera quienes lo apoyaron durante los últimos años y ni su candidato José Antonio Meade, se atreven a defender públicamente que habría que mantener la estrategia vigente en todos los ámbitos, aunque los partidos y los candidatos apoyados por el capital monopolista, o sea principalmente los del PRI, del PAN y partidos

adláteres que los acompañan, sin lugar a dudas mantendrían dicha estrategia. Por ello urge romper con la línea política dominante y crear mejores condiciones, para que la lucha, la organización de la gente y ciertos cambios puedan impulsarse desde abajo.

Hoy es imprescindible cerrarle el paso a la política antinacional y antipopular neoliberal de los gobiernos de las últimas décadas y frenar el deterioro creciente de las condiciones de vida y de trabajo de nuestro pueblo. Es indispensable apoyar la lucha de las mujeres, los reclamos de los jóvenes, así como abrir las oportunidades que se cierran cada día más con la política económica y social prevaleciente; promover el empleo y apoyar al movimiento obrero, a los indígenas, a los campesinos y a los millones de productores independientes del campo y la ciudad, a los empresarios que trabajan honestamente y benefician con su esfuerzo al país. Desde luego, es elemental no abandonar a los adultos mayores, creadores fundamentales de la riqueza material y cultural con la que hoy contamos.

Por todo lo anterior es que consideramos importante apoyar al amplio movimiento popular progresista que se expresa claramente en las últimas décadas; dicho movimiento crece a partir de la lucha estudiantil de 1968-1971; se expresa de manera diversa en los años setenta y en la primera parte de los ochenta; da un salto importante en las labores de rescate que lleva a cabo el pueblo mismo ante los sismos de 1985; de manera particular en 1988 se va a expresar por vez primera como fuerza contendiente en el apoyo a la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano; ese mismo movimiento apoya también en forma decidida pocos años después el levantamiento Zapatista. En la actualidad, es cierto, dicha fuerza social y política carece de unidad y de programa común, pero una gran parte del mismo en su desarrollo multiforme se expresa hoy en el impulso a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador y en su diversidad enriquece los planteamientos de las fuerzas de la izquierda que participan en ese torrente del plano electoral.

Quienes suscribimos este documento sabemos que lo fundamental estriba en la organización popular, y que lo importante de aquí a las elecciones es lograr que una mayor cantidad de personas vote por una fuerza antioligárquica que no actúe por su cuenta sino que se integre a las causas populares. Respetamos la posición de la parte del movimiento popular que haya decidido no votar, o anular su voto pero, por todo lo antes dicho creemos que es importante no abstenerse ante un proceso electoral tan decantado y definitorio. Están en marcha ya las contra-reformas más agresivas para la gente, como la laboral que afectará más aun el salario y el empleo y, desde luego, a la ya mermada seguridad social. La clase en el poder y el imperio han logrado una contra-reforma energética ―con todo y la cesión de PEMEX y CFE al capital extranjero. Está en marcha también la entrega al capital extranjero de aspectos vitales para la seguridad y el desarrollo nacionales como son las telecomunicaciones, además de grandes porciones del territorio a las mineras trasnacionales.

Otras medidas en contra de la deteriorada educación pública están en la agenda oculta de los partidos de la oligarquía y esperan la derrota del movimiento popular para imponerlas. Por eso estamos convencidos que si no actuamos en consecuencia, el país seguiría el camino hacia un Estado más violento y entregado al capital monopolista trasnacional, sobre todo estadounidense, por lo que en adelante podríamos vivir una mayor pérdida de soberanía y de aquellas libertades democráticas por las que nuestro pueblo ha luchado y hasta entregado la vida.

Para nosotros lo fundamental no termina con las votaciones de julio, sino que, independientemente del resultado, la lucha será más intensa después y habremos de apoyar las luchas que seguramente vendrán con mayor fuerza. A la vez, trataremos de seguir

contribuyendo, en la medida de nuestras posibilidades, a la forja de una estrategia alternativa de desarrollo y de intentar crear un ambiente unitario de todas las fuerzas populares y progresistas de nuestro país.

Apoyamos al movimiento sustentado por MORENA que encabeza Andrés Manuel López Obrador, no por razones personales, coyunturales, ni meramente electorales, sino por razones estratégicas; porque nuestro pueblo y nuestro país merecen un mejor destino, y porque debemos aprovechar todos los resquicios que van abriendo las diversas luchas populares y progresistas en la proyección hacia una verdadera transformación del estado actual de cosas.

Que Andrés Manuel López Obrador gane la presidencia puede, en la medida en que el movimiento popular intensifique y desarrolle sus luchas en ese nuevo escenario con independencia, representar un gran avance en la lucha de nuestro pueblo por un México menos injusto y más libre, al poner énfasis en la lucha contra la corrupción y los privilegios; al atender las causas de la inseguridad con mucho mayor empleo y educación para todos; al reactivar la economía y el crecimiento, indispensables para impulsar un verdadero desarrollo no solo económico, sino social y cultural; al rescatar los recursos nacionales actualmente en proceso de ser entregados a poderosos monopolios privados, nacionales y extranjeros; y en fin, al poner atención en una política económica y social que apoye el desarrollo nacional, el empleo, la atención y defensa de quienes más lo necesitan.

Apoyar al movimiento popular que impulsa a López Obrador a la presidencia de la República, de ninguna manera omite la lucha independiente por las demandas del pueblo, la solidaridad o participación con otras expresiones genuinas del amplio y multiforme movimiento popular mexicano, pues lo más importante no se agota en las elecciones. Las condiciones exigen avanzar colectivamente en la forja de una alternativa de desarrollo y en la proyección estratégica de la lucha por transformar de fondo a México.

Suscriben este pronunciamiento.- Ana Francisca Palomera, Arcadio Oliveros, Jesús Hernández Garibay, Ignacio López Amezcua, Gastón Martínez Rivera, Héctor Roldán Pérez, Agustín Soto Méndez, Leopoldo Ruiz, María Elena Velasco, Mario Aguiñaga, Cecilia Madero Muñoz, Domingo Martínez Madero, Rocío Martínez Madero, Olga Martínez Madero, Alberto Arroyo Picard, Luz Palomera, Alberto Reyna García, Eva Luz Leal, Sandra Céspedes Cruz, Felipe Ruiz Espinoza, Leticia Ruiz Espinoza, Daniel Hernández Toledo, Arturo Miranda Salgado, Oscar Soto Rivero, David Soto Rivero, Rafael Arellano Pérez, Adalberto Ramos López, Argelia Hernández Malagón, Fernando Ruiz Noriega, Lorena Reyes, José Rodríguez, Marcela Fernández Murguía, Eduardo Sacristán, Alfonso Díaz Rey, Manuel de la Torre Rivera, Jesús Hernández Badillo, Gerardo Storms Ramón, Claudia Herrera, Marcia Gutiérrez Cárdenas, Luz María Aguilar Terrés, Juanita Martínez Vilorio, Consuelo Aguirre, Julio Carrasco Bretón, Bernardo Antonio Muñoz Riveroll, Dolores Maya Girón, Nancy Villegas Tapia, Luis Eduardo Martínez Monroy, Ignacio Hernández, Agustín Ramírez González, Ignacio Medina Núñez, Isabel Aguilar Villalobos, Francisco Saucedo Pérez, Mario Saucedo Pérez, Guillermo Villaseñor, Jorge Alonso Sánchez, Elena Aguilar Villalobos, Oscar Ruiz Vargas, “Dr. Vivienda”, Carlos Montes de Oca Estrada, Rodrigo Medellín Erdmann, José Claudio Carrillo Navarro, Mario Ávila Pastor Ricardez, Jorge Durand, Rigoberto Gallardo, Ernesto Camou Healy, Jesús Soriano Barreda, Citlali Barona Rodiles, Itantehuitl Barona Rodiles, Rodolfo Barona Soriano, Ma. Trinidad Julia Soriano Barrera, Virginia del Rosario Galván Bautista, Javier Mateos Barrios, Raúl Galván González, Nadia Ximena Mateos Galván, Nadia Cristina Mateos Galván, Guillermo Rojo Bautista, Guillermina Rojo Bautista, María de la Luz Rojo Bautista, Martha Rojo Bautista, Martha Leidy Rojo Bautista, José Alberto Millán Rojo, Alberto Millán López, Alberto Millán Sierra,

Guadalupe Bravo Ramírez, Elizabeth Reyna Zamora, Gonzalo Jiménez Durán, Mariana Jiménez Rojo, Mauricio Rojas Velázquez, Miguel Alejandro Cobian Lima, Víctor Cruz, Imelda Carolina Quintanilla Creoglio, Rafael Bravo Gutiérrez, Cristina Mercader Martínez, Bonifacio Lozada Galicia, Rabí Barona Soriano, Jesús Luna Arias, Juan Ramírez Trigo, Efrén González Juárez, Miguel Ángel Morales Marín, Rosalba Martínez Barragán, Hilario Méndez Hernández, Omar Fernando Gutiérrez Martínez, Quidia Itzel Gutiérrez Martínez, Carmen Galindo, Magdalena Galindo, Natali Herrera, Arturo Gómez Mazatán, Rosa Elena López Escalera, Miguel Ángel Ocampo Mortera, Eduardo Ocampo López Escalera, Manuel A. Lara Mary, Robin

Javier Rojas Rayón, Laura Flores, José Luis García Ruiz, Celia Puente Rivas, Fernando Baca Amador, Enrique Olivares y el Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía (Guanajuato).

“Avanzar colectivamente”: pronunciamiento de ciudadanos ante la elección del 1 de julio

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EDITORIALES
Un comentario
  • Francisco Romero Orozco.
    1 julio 2018 at 10:54 PM
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    La derrota de Ricardo Anaya es resultado de una buena campaña electoral pero de un error de selección de candidato , el idóneo para este momento era Miguel Marquez Marquez.

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