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TODOS SOMOS ACTORES, Y DIOS ES EL DIRECTOR. Por: Iván Juárez Popoca Guerrero Nos movemos de un lado a otro con cierta desesperación porque no nos conocemos a nosotros...

TODOS SOMOS ACTORES, Y DIOS ES EL DIRECTOR.

Por: Iván Juárez Popoca Guerrero

Nos movemos de un lado a otro con cierta desesperación porque no nos conocemos a nosotros mismos. En general somos bastante falsos: pretendemos ser buenas personas, decimos amar, ser creyentes, pero en la realidad pocos son los que logran llegar a una vivencia que en los hechos demuestre lo que decimos. Y así convertimos, en ocasiones, al escenario en una verdadera representación del infierno, como el que estamos viviendo en este país con cabezas tiradas por todas partes, con inocentes masacrados, con infantes víctimas de la estupidez de los adultos. Infiernos como las guerras dirigidas por tiranos de papel que se creen inmortales y sacrifican a las masas dormidas que los siguen. He allí ejemplos como el de Hitler o Stalin, que nos hacen comprender que la mayoría de los seres humanos somos tontos y manipulables.

Al mal actor le hace falta espontaneidad: se acerca y dice tener la intención de saludarte, pero en realidad está buscando alguna otra cosa de tu persona; siente ganas de acostarse en el suelo o de rascarse la nariz, pero en vez de ello adopta una actitud solemne, dura. El hombre común siente una cosa, dice otra y hace algo completamente diferente. Y esa falta de unidad es, en parte, la creadora del caos, de la lucha fratricida, de la infelicidad que se quiere llenar con posesiones materiales sin éxito alguno, convirtiendo la obra teatral en una mascarada que pretende reír, pero que no es más que un sollozo disfrazado.

Dios es un director muy creativo, pero bastante flexible, les da libre albedrío a sus actores y permite que en éstos recaiga el mayor peso del drama; solamente interviene cuando es absolutamente necesario o cuando el actor, humildemente, solicita ayuda.

Sin embargo, la mayor parte de los actores se han olvidado de las instrucciones del director, se han llenado de soberbia y no hacen sino cometer errores. Y, muchas veces, siendo que el planteamiento del texto es una comedia o una obra musical, acaban metiéndola en el género trágico, melodramático o tragicómico.

Porque el director nos permite elegir el tono. Y por ello hemos de preguntarnos sí queremos actuar en una obra alegre y con final triunfador, o nos inclinaremos hacia la obscuridad, hacia la destrucción y la locura. Cada uno de nosotros, en nuestras propias vidas, podemos elegir el género en el que ha de transcurrir la función. ¿Cuál tipo de obra está eligiendo, eligiría o eligirá usted?

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