
EDUCACIÓN EN CRISIS: CUANDO LA VOCACIÓN DOCENTE CHOCA CONTRA LA MEDIOCRIDAD BUROCRÁTICA
En el corazón de la educación guanajuatense late aún una fuerza invaluable: la de maestras y maestros que, desde sus trincheras escolares, sostienen con admirable tenacidad los cimientos de la enseñanza. Supervisores comprometidos, directivos escolares con vocación, y docentes que convierten la carencia en creatividad son, sin duda, los verdaderos pilares del sistema educativo. Su labor diaria trasciende la instrucción académica: son tutores, orientadores, a veces incluso contención emocional para generaciones enteras.
Sin embargo, este esfuerzo honesto y silencioso convive con una estructura administrativa cada vez más desacreditada. La figura del delegado regional, y en varios casos la del jefe de sector, se ha transformado en un instrumento de reparto político, más preocupado por servir intereses de grupo que por garantizar la calidad del servicio educativo. Estos cargos, ajenos al mérito profesional, han devenido en puestos de carácter clientelar, ocupados con frecuencia por perfiles sin experiencia en el aula ni sensibilidad pedagógica, pero con sólidas credenciales partidistas.
La reciente glosa del Primer Informe de Gobierno, en la que comparecieron los titulares de Educación, Cultura, Juventudes y Deporte del Estado de Guanajuato, no fue un mero ejercicio protocolario. Fue una oportunidad —quizá involuntaria— de revelar las grietas más hondas de un modelo de gestión que, al estar desprovisto de planificación estructural, exhibe una profunda desconexión con la realidad que aqueja a miles de ciudadanos. Bajo la lupa crítica de los representantes legislativos, quedó en evidencia que la retórica oficial, pese a sus esfuerzos por sostener una imagen de orden y avance, no alcanza a encubrir las fisuras fundamentales del aparato público.
El resultado de esta distorsión estructural es tan evidente como doloroso. Las cifras hablan con crudeza: el 3.1% de los estudiantes de secundaria y el 12.2% de los jóvenes en media superior abandonan las aulas. Es decir, miles de trayectorias truncadas, futuros suspendidos, historias educativas que se diluyen en el abandono. Y frente a esta tragedia, las respuestas institucionales han sido, en el mejor de los casos, evasivas. El titular de la Secretaría de Educación no fue capaz de detallar una estrategia clara, ni mucho menos de transparentar el uso del presupuesto destinado a revertir esta tendencia. Se mencionaron “visitas domiciliarias” como mecanismo de reintegración, pero sin evidencia ni datos que permitan dimensionar su impacto real.
A ello se suma otro capítulo preocupante: la opacidad en torno al gasto de más de 32 millones de pesos en la producción de cuadernillos alternos a los libros de texto. No se explicó su contenido pedagógico, ni su pertinencia, ni las razones detrás del retraso en la entrega de los materiales federales. Mucho menos se ofreció una evaluación de resultados. La gestión educativa, que debería basarse en criterios técnicos, evidencia una preocupante deriva hacia la improvisación y el uso discrecional de los recursos.
El problema, pues, no radica en la falta de talento ni de compromiso en el magisterio. Radica en la captura política de las estructuras intermedias, en la ausencia de rendición de cuentas y en la colonización de lo educativo por lógicas ajenas a su naturaleza. Mientras los verdaderos actores educativos trabajan con pasión y sentido de comunidad, otros ocupan el aparato institucional como plataforma de poder. Y ese desequilibrio, si no se corrige, condenará a nuestro sistema a una mediocridad cada vez más profunda y normalizada.
LA CULTURA COMO DECORADO: CUANDO LA IDENTIDAD ES REDUCIDA A UN FOLLETO
Hablar de cultura en un estado con profundas raíces indígenas debería ser una invitación al orgullo, al cuidado y al reconocimiento. Sin embargo, en Guanajuato, la promoción cultural parece haberse convertido en una mera formalidad administrativa, sin vocación de permanencia ni convicción de justicia histórica. La cifra es reveladora por sí misma: en todo 2024, el presupuesto destinado a talleres culturales en comunidades indígenas fue de apenas 600 mil pesos. Se trata de un monto que, por su insignificancia, ofende más que ayuda.
Pero no es únicamente una cuestión de dinero. Lo más alarmante es la ausencia de políticas públicas orientadas al rescate y preservación de las lenguas maternas. Cuando se solicitó información sobre el número de docentes certificados para la enseñanza en lenguas originarias, la respuesta fue el silencio. Un silencio que revela no solo desconocimiento, sino también desinterés.
La lengua, como vehículo de la memoria, del pensamiento y de la identidad, no puede ser tratada como un accesorio. Su pérdida no es simplemente un fenómeno lingüístico: es una forma de muerte cultural. Y en este estado, esa muerte parece estarse gestionando con fría indiferencia desde las oficinas gubernamentales.
DEPORTES EN DISCURSO, NO EN TERRITORIO
El deporte, ese que transforma, que cohesiona, que disciplina y salva, es en Guanajuato un discurso recurrente… pero mal traducido en hechos. Según datos oficiales, apenas 13 municipios del noreste del estado cuentan con centros deportivos funcionales. El resto —la mayoría— carece de espacios adecuados, lo que convierte la práctica deportiva en un privilegio territorial y no en un derecho universal.
Durante la comparecencia, se intentó presumir el desempeño de atletas en competencias internacionales. Sin embargo, al ser cuestionada sobre una evidente discrepancia en el número de medallas reportadas, la titular del CODE ofreció una explicación por demás insuficiente: dijo que se debía a que algunos atletas participaron en múltiples pruebas. No presentó evidencia. No se ofrecieron documentos. Todo quedó en un argumento que parecía improvisado sobre la marcha.
Y mientras tanto, se destinan millones a proyectos deportivos internacionales —como el convenio con el club Real Oviedo— sin claridad sobre los beneficios reales para la niñez y juventud guanajuatense. ¿De qué sirve promover la marca del estado en el extranjero si en casa faltan canchas, entrenadores y equipos básicos?
JUVENTUDES A LA DERIVA: SIN PROTECCIÓN, SIN ESCUDO
Hablar de juventudes hoy no es solo hablar de programas recreativos o eventos institucionales. Es, sobre todo, hablar de protección. La violencia y el crimen organizado han encontrado en los jóvenes su cantera más fértil. Frente a ello, el Estado debería operar como un escudo sólido, capaz de ofrecer alternativas, contención y oportunidades reales.
Pero la realidad es otra. Durante la comparecencia, se evidenció que no existe una estrategia interinstitucional articulada para prevenir el reclutamiento juvenil. Tampoco se presentaron diagnósticos serios ni cifras que permitan entender la magnitud del fenómeno. La prevención del delito juvenil quedó reducida a frases genéricas y esfuerzos aislados, sin estructura ni enfoque de largo plazo.
En este vacío, los jóvenes quedan atrapados entre dos fuegos: la promesa incumplida del Estado y el poder seductor de los grupos criminales. Y lo más grave es que esta omisión tiene consecuencias que no se borran con discursos: se miden en vidas perdidas, en oportunidades rotas, en comunidades enlutadas.
EMBARAZO ADOLESCENTE: CUANDO EL SILENCIO SE VUELVE COMPLICIDAD
El embarazo en adolescentes menores de 15 años no es solo un dato estadístico: es una tragedia social. Es el resultado de múltiples fracasos institucionales: falta de información, de educación sexual, de acceso a servicios de salud, de contención emocional. Durante la comparecencia, se reconoció que existen casos en el estado… pero no se presentó ni una sola política clara para atenderlos.
Más aún: se evadió, una vez más, el debate de fondo sobre la educación sexual en los libros de texto. La negativa a incluir estos contenidos no es una decisión técnica: es una postura ideológica que desconoce las realidades de la infancia y la adolescencia. Una postura que, lejos de proteger, expone. Que, en lugar de prevenir, perpetúa.
Negarse a hablar con claridad sobre el cuerpo, el consentimiento, los derechos sexuales y reproductivos es condenar a las y los adolescentes a una ignorancia que les cuesta salud, autonomía y, en muchos casos, la posibilidad de elegir su destino.
CUANDO EL ESTADO CONFUNDE POLÍTICA PÚBLICA CON PLATAFORMA ELECTORAL
Uno de los momentos más inquietantes de la comparecencia fue la discusión en torno al Congreso Iberoamericano para las Juventudes, un evento que costó 30 millones de pesos. La acusación fue directa: el evento se utilizó como plataforma electoral. Y lo preocupante no fue solo la acusación en sí, sino la falta de argumentos sólidos para desmentirla.
El uso de recursos públicos para construir imagen política —disfrazada de promoción juvenil— es una práctica que erosiona la legitimidad del Estado. Lo mismo ocurre con convenios deportivos que, aunque se anuncian con bombos y platillos, no logran demostrar su utilidad para el ciudadano común.
En este contexto, resulta evidente que muchas decisiones no están pensadas para resolver problemas, sino para posicionar personas. Para construir discursos, no soluciones. Y esa confusión —entre servir al interés público y servirse del interés público— es una de las más graves patologías de la administración contemporánea.
CONCLUSIÓN: CUANDO LAS PALABRAS NO ALCANZAN Y LA SOCIEDAD EXIGE HECHOS
La comparecencia que presenciamos no fue un acto de rendición de cuentas: fue, más bien, una rendición simbólica del Estado frente a sus propias omisiones. Frente a la educación que se cae a pedazos, la cultura que agoniza, las juventudes que son blanco del crimen, las niñas que enfrentan maternidades forzadas y los recursos que se diluyen en opacidad, lo que escuchamos fueron frases vacías, cifras imprecisas y una oratoria que ya no convence a nadie.
No se trata de buscar culpables individuales, sino de cuestionar el modelo mismo de gobernanza. Uno que premia la lealtad política sobre la competencia técnica. Uno que invierte en imagen antes que en soluciones. Uno que olvida, desde las alturas del poder, que gobernar es servir, y no servirse.
Guanajuato merece más que promesas recicladas. Merece un Estado que escuche, que entienda, que corrija. Y, sobre todo, uno que se atreva a dejar atrás la simulación para abrazar, por fin, la seriedad que exige la historia.