Mientras las autoridades presumen una reducción histórica en asesinatos con una caída del 65% en un año, los ciudadanos enfrentan un nuevo problema en las calles y dentro de sus hogares.
El robo a transeúnte con violencia creció 18.5%, y el robo a casa habitación con violencia se disparó 30.8%.
En colonias de León, Irapuato y Salamanca, los testimonios reflejan el problema: “Ya no es la balacera, ahora es el ladrón que entra a tu casa”, dice un vecino que asegura dormir con la incertidumbre de si la puerta resistirá.
El discurso por parte de las autoridades estatales celebra la baja en homicidios, pero los ciudadanos aseguran que la violencia se ha mudado de los grandes enfrentamientos a los espacios íntimos, donde se han visto amenazados con un arma blanca o arma de fuego.


































