A seis años del feminicidio de Nadia Verónica Rodríguez Saro Martínez, su nombre sigue resonando en las calles de Salamanca como un recordatorio doloroso de la violencia que enfrentan las mujeres y de la deuda que, aseguran sus familiares, aún tienen las autoridades con la justicia.
La joven fue asesinada la madrugada del 8 de marzo de 2020, en pleno Día Internacional de la Mujer. Desde entonces, cada año su familia y colectivas vuelven a pronunciar su nombre, no solo para recordarla, sino para exigir respuestas.
Durante una actividad de memoria realizada en el marco de esta conmemoración, la madre de Nadia tomó el micrófono para leer una carta escrita por la sobrina de Verónica, en la que la niña describe lo que significaba su tía en su vida.
“Mi tía Nadia era hermosa y cariñosa. Ella veía siempre por los demás. Ella me dijo que siempre que tenía que lograr mis sueños. Ella era feliz”, escribió su sobrina en la carta que la madre de Nadia leyó frente a todas las asistentes.
Las palabras provocaron silencio entre quienes escuchaban. Para la familia, Nadia no es solo una estadística más dentro de la violencia contra las mujeres; es una ausencia que se siente todos los días.
“Desde que se fue, siento un pequeño hueco. Me siento un poco sola a veces. Siempre cuidadaba de mi. Ella no ocupaba morir, ella era luz, ella era alegría”, decía la carta.
A seis años de aquel crimen, la vida sigue avanzando, pero para su familia el tiempo se detuvo en el momento en que les arrebataron a su hija, hermana y tía.
“Mi hija si viviera tendría ahorita unos 28 años”
Nadia era estudiante universitaria y tenía planes de vida que, según su madre, quedaron truncados por la violencia.
“Mi sueño era que ella fuera una chica con una carrera, con una familia. Jamás me iba a imaginar que alguien iba a quitarle la vida”
El feminicidio de Nadia ocurrió con extrema violencia y desde entonces su caso se convirtió en uno de los más recordados en Salamanca. Sin embargo, para su familia, el dolor no se limita al crimen, sino también al proceso largo y desgastante de exigir justicia.
“Ella no murió en un accidente o de una enfermedad, a mi hija Nadia me la mataron. Mataron sus sueños, mataron su risa, mataron a toda una familia”
Mientras el nombre de Nadia sigue presente en las marchas y actividades del 8 de marzo, su familia insiste en que recordar no es suficiente. Señalan que en Salamanca las mujeres continúan siendo víctimas de violencia y que, pese a los discursos oficiales, aún hacen falta acciones reales para prevenir estos crímenes y garantizar justicia para las víctimas.
A seis años de su feminicidio, la exigencia sigue siendo la misma, que su caso no quede en el olvido y que ninguna otra familia tenga que vivir la misma historia.
































