En el Barrio del Rosario, en Encarnación de Díaz, Jalisco, dentro de una vivienda, cinco jóvenes armados intentaban resistir, pero la sorpresa y la fuerza del operativo los dejaron sin margen de maniobra.
Entre ellos estaba Luis Ángel, un guatemalteco de apenas 23 años, conocido como “El Pollito” o “El Pollo Chapín”, señalado como jefe de una presunta célula criminal que se dedicaba a extorsionar comerciantes en los estados de Guanajuato y Jalisco.
Durante semanas, comerciantes habían denunciado llamadas intimidatorias, visitas de hombres armados y exigencias de pagos periódicos a cambio de supuesta “protección”. El miedo se apoderó de los mercados y negocios locales, donde cada día se vivía con la incertidumbre de si el siguiente en ser presionado sería uno mismo. La denuncia anónima al número de emergencias 089 fue el punto de quiebre, pues la información proporcionada permitió a las autoridades ubicar a la célula y preparar el operativo que terminó con la caída del grupo.
Luis Ángel, pese a su juventud, ya había asumido el rol de jefe de plaza, coordinando amenazas y cobros en los dos estados, su apodo, “El Pollo Chapín”, circulaba entre comerciantes como sinónimo de miedo. Al realizarse la detención, se localizaron armas largas, chalecos tácticos y vehículos con placas del estado de Guanajuato, confirmando la estructura de una organización dedicada a la extorsión.


































