México atraviesa uno de sus momentos más complicados en materia laboral. En los últimos dos años, el país ha registrado la peor pérdida de patrones formales de la que se tenga registro, una situación que ha encendido las alertas por su impacto directo en el empleo y la economía nacional.
De acuerdo con datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), más de 41 mil patrones han dejado de estar registrados, lo que significa el cierre de miles de empresas y negocios, principalmente pequeñas y medianas, que son las que más empleos generan en el país.
Esta caída histórica no se veía desde finales de los años noventa y refleja un escenario complejo para quienes buscan sostener un negocio. Entre las principales causas se encuentran el aumento de costos de operación, la falta de apoyos, dificultades para acceder a financiamiento, cargas administrativas y un entorno económico incierto, factores que han obligado a muchos empleadores a cerrar definitivamente.
El problema no solo afecta a los dueños de negocios. Cada patrón que desaparece representa empleos formales que se pierden, familias sin ingresos estables y un golpe directo a la economía local y nacional. Especialistas advierten que este fenómeno podría frenar la recuperación económica y aumentar la informalidad laboral.
A este panorama se suma la incertidumbre en temas comerciales y arancelarios, así como un entorno que genera desconfianza para invertir y crecer, lo que ha provocado que muchas empresas opten por reducir operaciones o desaparecer.
La pérdida de patrones pone sobre la mesa la necesidad de mejorar las condiciones para la permanencia de las empresas, fortalecer el empleo formal y evitar que más trabajadores se vean obligados a buscar ingresos en la informalidad.
































