El viaje de fe de un grupo de peregrinos de la Diócesis de Nuevo Laredo rumbo a la Basílica de Guadalupe terminó en un episodio de violencia en el libramiento de Irapuato.
Un falso retén armado interceptó el autobús y despojó de sus pertenencias a 47 personas, dejando además cuatro lesionados. Este hecho, confirmado en lo que va de 2026, ha encendido la preocupación en Guanajuato y, de manera especial, en las carreteras que cruzan y conectan con Salamanca.
Cada año, cientos de fieles transitan estas rutas hacia destinos religiosos como Cristo Rey, el Cristo Negro o San Juan de los Lagos. Lo hacen con pocas pertenencias, algunos alimentos y una gran devoción, pero sin protección alguna frente a los riesgos de asaltos, accidentes y violencia.
En Salamanca, las carreteras se han convertido en un punto crítico, la fe se mantiene, pero el temor por la inseguridad crece en cada traslado. Los propios peregrinos reconocen que la vulnerabilidad se ha vuelto parte de sus recorridos asegurando que «ya no existe el temor a Dios».
La solicitud de los feligreses es que exista mayor apoyo de las autoridades para garantizar seguridad en los traslados, especialmente en las carreteras que conectan con Salamanca, donde la devoción y el miedo hoy viajan juntos.
































