En Salamanca, el precio del limón se disparó hasta los 45 pesos por kilogramo, convirtiendo al cítrico, inseparable de la mesa mexicana, en un lujo inesperado.
Lo que antes era un ingrediente cotidiano ahora se ha convertido en un gasto difícil de sostener, y las familias se ven obligadas a reducir las cantidades que compran, llevando apenas lo indispensable para no desbalancear el presupuesto.
El impacto es aún más evidente en los establecimientos comerciales, especialmente en las taquerías, donde el limón es parte fundamental para acompañar los tacos y quesadillas. Los emprendedores han tenido que disminuir las porciones que ofrecen a los clientes, racionar cada rodaja y ajustar la presentación de los platillos para economizar.
La explicación apunta a factores de estacionalidad agrícola y a los costos de transporte que se incrementan en temporada de frío, pero para los consumidores el precio del limón es un duro golpe, pues esta fruta suele usarse para los antojitos, aguas frescas, tacos, pozole, entre otros alimentos que en su mayoría suelen ser ofertados en las calles, por lo que es un impacto para el ciudadano promedio y el comercio local.


































