Durante 2025, la violencia contra policías alcanzó niveles alarmantes, cada día, en promedio, un agente fue asesinado.
Sinaloa, Guerrero, Guanajuato y Michoacán concentran la mayor parte de los ataques, convirtiéndose en un foco rojo que desangra a las corporaciones de seguridad.
En Sinaloa, los asesinatos de policías se multiplican en medio de disputas por el control del narcotráfico. Guerrero, marcado por la fragmentación de grupos armados, se ha convertido en un terreno hostil para quienes intentan imponer la ley. Guanajuato, con su guerra interna entre cárteles, mantiene a los agentes en la primera línea de fuego. Y Michoacán, atrapado entre la presencia de autodefensas y organizaciones criminales, refleja la fragilidad de las instituciones frente a la violencia organizada.
La precariedad laboral, la falta de protección y la exposición constante a emboscadas y ejecuciones han convertido a los policías en un blanco fácil.






























