Salamanca atraviesa uno de los momentos más críticos y dolorosos de su historia reciente. La ciudad se encuentra de luto, con comunidades enteras sumidas en el miedo y una ciudadanía profundamente indignada ante la falta de resultados del gobierno municipal en materia de seguridad.
El pasado fin de semana se convirtió en el más violento desde la fundación de Salamanca en 1603. En apenas tres días se registraron 25 ejecuciones, alcanzando un total de 44 homicidios en lo que va de enero de 2026, cifra que más que duplica los asesinatos contabilizados en el mismo mes de 2025.
Ante la magnitud de la violencia y el hartazgo social, la ciudadanía decidió alzar la voz.
Salmantinas y salmantinos expresaron abiertamente su miedo, su coraje y su frustración, pero también una exigencia clara y directa: la renuncia del presidente municipal César Prieto, al considerar que ha sido incapaz de contener la crisis de inseguridad que vive el municipio.
Las opiniones recogidas reflejan una percepción generalizada de abandono, falta de liderazgo y ausencia de resultados, dando paso a una consigna que se repitió con fuerza en distintos puntos de la ciudad;
“Si le quedó grande la yegua, que renuncie”.
La inconformidad ciudadana no se limita a las cifras. Salmantinos cuestionan la falta de empatía y presencia del alcalde, a quien acusan de mantenerse escoltado, rodeado de funcionarios y discursos oficiales, mientras la realidad en las calles es de miedo, funerales y familias rotas por la violencia.
Además, recuerdan que el presidente municipal tomó casi cinco semanas de vacaciones, y que durante este mismo fin de semana, cuando la violencia alcanzaba uno de sus puntos más altos, viajó a Oaxtepec para promover escuelas de formación política del partido Morena. “Aquí nos está llevando la fregada”, expresaron ciudadanos molestos.
A este escenario se suma la constante rotación de mandos en el área de seguridad, una situación que, lejos de generar estabilidad, ha incrementado la percepción de improvisación. El reciente regreso del comisario de seguridad, anunciado con bombo y platillo, no ha mostrado resultados visibles ni una estrategia clara para frenar la violencia.
Para los habitantes de Salamanca, la prioridad es evidente, no son pistas de hielo, bailes, eventos ni programas superficiales, sino seguridad, paz y respeto por la vida de quienes habitan el municipio.
La exigencia social continúa creciendo. Ciudadanos señalan que mientras la violencia se normaliza, las autoridades municipales parecen desconectadas de la realidad que vive Salamanca, lo que ha profundizado el enojo, el miedo y la desconfianza hacia el gobierno local.
Hoy, el mensaje desde las calles es contundente. La sociedad salmantina exige al presidente municipal César Prieto que, si no puede garantizar la seguridad, la paz y el bienestar de Salamanca, asuma su responsabilidad y renuncie.

































