En Salamanca, la decisión de que las farmacias cierren a las 10 pm ha despertado una crítica directa de los ciudadanos hacia las disposiciones municipales.
La medida, atribuida a las cuotas de fiscalización que se aplican por cada hora extra de servicio, ha sido recibida con inconformidad por la población, que señala los efectos inmediatos en su vida cotidiana.
Los salmantinos advierten que durante la madrugada ya no habrá opciones para adquirir medicamentos urgentes, lo que representa un riesgo para quienes dependen de tratamientos inmediatos.
A esta preocupación se suma la inseguridad nocturna, pues recorrer la ciudad en esas horas implica hacerlo en condiciones de riesgo, además de limitar el acceso a productos básicos como leche o pañales en momentos críticos.
La reducción de horarios es vista como una medida que impacta directamente en la salud y en las necesidades familiares. En este contexto, la crítica ciudadana se centra en cuestionar si las decisiones municipales responden realmente al lema “por amor a Salamanca” o si obedecen a criterios económicos.































