En Salamanca, el sonido de un tambor y una corneta lleva 79 años contando la historia de generaciones de trabajadores petroleros que encontraron en una banda de guerra una forma de representar a su comunidad, convivir y mantener vivas sus tradiciones.
La historia comenzó en el año 1947 y, aunque el tiempo ha cambiado los rostros y las generaciones, permanece el mismo sonido que aún no se apaga.
Hoy son 22 integrantes quienes mantienen viva esta tradición. Siete son jubilados de Pemex y el resto son jóvenes que decidieron acercarse a los tambores y las cornetas para aprender una disciplina que, para ellos, va mucho más allá de la música.
Entre ellos está Andrés Prianti Cobos, quien conoce de primera mano lo que significa pertenecer a esta agrupación. Forma parte de ella desde 1973 y actualmente es su comandante. Hace aproximadamente dos años volvió a tomar las riendas de la banda, después de un periodo en el que había dejado de funcionar.
Porque una tradición no sobrevive solamente por los años que tiene, sino por las personas que deciden continuarla.
Por eso, cada martes y jueves, a las cinco de la tarde, el jardín Lázaro Cárdenas se convierte en punto de ensayos.
Las puertas están abiertas para niños, jóvenes y adultos.
No necesitan experiencia y tampoco es indispensable tener instrumento propio. Los jubilados pueden prestar uno a quienes comienzan, porque la intención es que nadie se quede fuera por no contar con los recursos para comprarlo.
Han pasado 79 años desde aquel primer toque, han cambiado los tiempos, los integrantes y las generaciones.
Pero mientras haya alguien dispuesto a tomar una corneta, hacer sonar un tambor y aprender el paso, la historia continuará, asegura Andrés.

































