En Celaya, el gobierno municipal ha puesto en marcha un violentómetro animal, una herramienta que clasifica las distintas formas de violencia hacia los animales en niveles de negligencia, maltrato y crueldad.
El esquema permite identificar desde conductas como no recoger desechos o mantener a un animal encadenado, hasta actos graves como mutilaciones o privación de la vida, con la intención de aplicar sanciones económicas y castigos a los responsables.
La iniciativa ha sido reconocida por asociaciones civiles dedicadas al rescate, cuidado, esterilización y reinserción de perros y gatos, quienes consideran que este tipo de medidas fortalecen la conciencia ciudadana y el marco legal de protección. En contraste, en Salamanca los rescatistas aseguran que no existe ningún esfuerzo similar. Señalan que, pese a las promesas de campaña de César Prieto de trabajar “hasta por los seres vivos”, en cinco años de gobierno no se ha generado un reglamento ni se han abierto espacios de apoyo a quienes dedican su tiempo a la defensa animal.
Para ellos, la ciudad se encuentra rezagada y sin interés del gobierno en el tema, mientras municipios vecinos avanzan en políticas de respeto y bienestar.
De acuerdo con los rescatistas salmantinos, municipios como Celaya han avanzado en este importante asunto, mientras que, lamentablemente, Salamanca permanece obsoleta en materia de medio ambiente, con asociaciones civiles trabajando solas y sin apoyo de las autoridades.
































