Hay familias salmantinas que cada mes tienen que decidir qué pagar primero: la luz, el gas, la comida o el recibo del agua. Hay adultos mayores que temen que les restrinjan el servicio por no completar el pago. Hay colonias que continúan denunciando baja presión, fugas, cortes y cobros que consideran excesivos.
Pero mientras esa es la realidad que viven miles de ciudadanos, CMAPAS se prepara para celebrar en grande su 43 aniversario con recursos públicos.
La invitación fue emitida por el propio organismo y está firmada por Ulises Banda Coronado, presidente del Consejo Directivo, primo de César Prieto, quien convoca al festejo este 31 de julio en el Centro Cívico.
El problema no es que CMAPAS cumpla años. El problema es que quienes deberían estar concentrados en resolver las quejas históricas de la población parecen encontrar tiempo y dinero para organizar una fiesta, mientras muchas familias siguen esperando algo tan básico como abrir la llave y que salga agua.
Cada peso utilizado por un organismo público sale del bolsillo de los ciudadanos. Del comerciante que trabaja desde temprano. De la madre que estira el gasto hasta el final de la quincena. Del trabajador que paga puntualmente, aunque el servicio no siempre corresponda con el monto que aparece en su recibo.
Y por eso el contraste indigna.
Porque el agua no es un lujo ni una concesión generosa de CMAPAS. Es un derecho humano reconocido por el artículo 4° de la Constitución, que obliga al Estado a garantizar su acceso de manera suficiente, salubre, aceptable y asequible.
Además, la Suprema Corte ha establecido que, aun cuando exista falta de pago, debe protegerse el mínimo vital de agua necesario para la subsistencia humana, tomando como parámetro 50 litros diarios por persona. Es decir, cobrar el servicio puede ser legítimo, pero dejar a una familia sin el agua indispensable para vivir no debe tratarse como una simple medida administrativa.
Sin embargo, mientras ciudadanos denuncian restricciones, recibos altísimos y un servicio deficiente, quienes dirigen el organismo se preparan para celebrar con dinero que no salió de sus bolsillos, sino del esfuerzo de los propios usuarios.
Los salmantinos no necesitan una fiesta. Necesitan agua. Necesitan recibos justos, fugas reparadas, atención digna y cuentas claras. Porque la mejor manera de celebrar 43 años de CMAPAS no es con comida, música y discursos pagados con recursos públicos, sino garantizando que ninguna familia tenga que elegir entre comprar despensa o pagar el agua. Antes que festejos, Salamanca exige resultados.




























