ETERNA JORNADA

LAS HUELGAS FEDERALES DE 2010 AL 2017, SEGÚN ALFONSO NAVARRETE PRIDA Por Oscar Alzaga* No son los excesos lo que falla del neoliberalismo, es su propia naturaleza la que...

LAS HUELGAS FEDERALES DE 2010 AL 2017, SEGÚN ALFONSO NAVARRETE PRIDA

Por Oscar Alzaga*

No son los excesos lo que falla del neoliberalismo,
es su propia naturaleza la que conlleva de modo
inherente los abusos, excesos y desequilibrios
Josefina Morales

A los mineros de Cananea, Taxco, Sombrerete y Hércules.

Antecedentes

Las huelgas y las luchas sociales más significativas acompañan la Historia de México, han jugado un papel decisivo en el curso de ella, aunque la historia oficial y/o de la derecha lo nieguen o no adviertan ese papel de las luchas de los trabajadores, deliberadamente. Como ocurre con la pugna Cárdenas-Calles de 1935, se complacen en las contradicciones de la cúpula del poder y olvidan la causa central: las huelgas de 1935 que llegan a 642, el descontento obrero por la crisis y la contradicción fundamental capital-trabajo: son los políticos los que se definen ante las huelgas, a favor y en contra.

En la época de la colonia surgieron los tumultos o huelgas, que fueron protestas laborales por los abusos patronales en las minas, destacando de los varios tumultos que hubo: el de miles de mineros de Real del Monte en 1766 contra el dueño, el conde de Regla, que disminuyó los ingresos de los trabajadores para subir las ganancias.

A los 12 días del levantamiento de la Revolución de Independencia del 16 de septiembre de 1810, los mineros de la Valenciana hicieron volar con pólvora las puertas de la fortaleza la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato, que no podía tirar las tropas de Allende y dieron mucho optimismo a la lucha del pueblo encabezada por Hidalgo.

Antes de la Revolución de 1910, la impulsaron las huelgas de 1906 de Cananea y de 1907 de Río Blanco cuyos líderes sindicales, después de presos, estarían en 1917 en los debates constituyentes de Querétaro, haciendo surgir una legislación laboral de vanguardia internacional.

En el cardenismo no sólo se da el mayor número de huelgas de la historia, también fueron las de mayor trascendencia de 1934 a 1940: la trascendental reforma agraria fue precedida por la huelga general de la Comarca Lagunera, con 25 mil jornaleros y sus familias en 1936, que influyó de modo decisivo en México y Latinoamérica.

La expropiación petrolera de 1938 fue bandera de los petroleros desde las huelgas de 1933, tanto en El Águila, dependiente de la trasnacional inglesa, como en La Huasteca, de una trasnacional de EUA;

luego, en 1935, los petroleros forman el Sindicato único que reinicia la lucha. En 1936 demandan la firma del contrato colectivo de trabajo único; en 1937 van a la huelga general petrolera y después del 18 de marzo de 1938, son los obreros los que se ponen al frente de Pemex y la hacen funcionar, contra las apuestas de los empresarios extranjeros: “México no podrá operar las industrias”. Esta fue una de las páginas más brillantes de los obreros de México y Latinoamérica.

Ni qué decir de la huelga del Sindicato Mexicano de Electricistas de 1936, que tuvo el alcance de una huelga general el dejar sin luz ni energía eléctrica al centro de la nación 10 días: 6 mil electricistas pararon las labores de 200 mil trabajadores, y la huelga puso fin a 400 años de una relación de trabajo de “mando y obediencia”, al establecer la bilateralidad o relación igualitaria, que fue un ejemplo para los demás contratos colectivos y sindicatos de México.

Sin olvidar los 40 días de la huelga general minera de 1944, cuando el gobierno impuso la política de austeridad y congeló los salarios por 4 años debido a la Segunda Guerra Mundial, mientras que los precios de los metales y las ganancias subieron al cielo; los mineros denuncian esa situación de los empresarios yanquis de Asarco y de otras minas, que abusan de la demanda de metales por la guerra para aumentar sus ganancias y ponen en peligro la invasión de Normandía, al ahorcar los salarios mineros provocaron la larga huelga, que al final triunfó.

Sería imposible hacer un recuento de todas las luchas más significativas de la historia, como fueron las huelgas nacionales de los telefonistas de los años 70; o la lucha popular del SME de 1999, sin huelga, que logró abortar el decreto presidencial de Zedillo para privatizar la industria eléctrica. O las 3 huelgas mineras de Cananea, Taxco y Sombrerete que el 30 de julio de 2017 llegaron a 10 años, habiendo resistido los brutales ataques de Grupo México apoyado por los gobiernos; las tres huelgas llegaron vivas y siguen en lucha con la mayoría de sus integrantes, reconocidas como legales y en su procedimiento, salvo la de Cananea, pues al cerrar las puertas de la justicia en México, los mineros acudieron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con la solidaridad nacional e internacional buscan ganar sus justos derechos y reabrir las minas.

Cuando un país pierde la mayoría de sus sindicatos auténticos viene la simulación del diálogo y la paz de los sepulcros

Como se sabe, las huelgas exhiben el grado de inconformidad de los trabajadores de un país ante la deplorable situación socio-laboral y la desigual e injusta distribución del ingreso nacional; se acepta en general por el mundo como una vía legal para la solución de esos problemas, como ocurrió de 1935 a 1938 con el apoyo cardenista a los sindicatos. Pero también la casi nula expresión de la protesta obrera es reveladora de la escasa libertad sindical y de la nula negociación colectiva libre.

La huelga es un derecho indivisible de la contratación colectiva del trabajo (CCT) y de la organización sindical, afirma Mario de La Cueva, pues no se puede separar uno de los otros derechos, ya que se afecta al conjunto en su función básica: “armonizar los derechos del trabajo con los del capital”. Los tres derechos colectivos buscan el mismo fin, por vías que se complementan. Los empresarios tienen conciencia de que son indisociables los tres derechos, así lo manifestaron en la 101 Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de 2012, cuando sorprendieron con la unidad internacional patronal exigiendo a la OIT no reconocer el derecho de huelga, por no tener un convenio propio, pues no lo hay, ya que forma parte del convenio 87 de libertad sindical.

En esa sesión de la OIT, la Unión Nacional de Trabajadores y el Sindicato Minero denunciaron los contratos colectivos de protección patronal (CCPP), que son parte de la estrategia empresarial internacional aplicada en México. En diciembre de 2016 volverían hacer la misma denuncia en Panamá, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

La feliz estadística oficial del Secretario del Trabajo

El titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) afirma: “se ha llegado al periodo más largo en la historia sin huelgas”. “Esto se ha dado como nunca, en un sistema de diálogo social”. “Ello da cuenta de la paz laboral que se vive”. Y ofrece los siguientes datos de las huelgas de registro federal:

Según la STPS, los emplazamientos a huelga en México van a la baja y casi desaparecen. ¿Qué nos revela esa información? Sencillamente la enorme complacencia y conformismo de los sindicatos con la política empresarial y oficial, les basta la firma de un convenio obrero-patronal, casi siempre a espaldas de los trabajadores. De seguir así, la huelga desaparecerá. Parece cierta esa afirmación y lo confirma Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI). Pero aclaremos, la conformidad es de los líderes. No de los trabajadores, que no es lo mismo.

Es difícil saber cuántos trabajadores integran los sindicatos en México, la información es variada; según el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN): en 1960 eran 37% los sindicados de la fuerza de trabajo; 1990 el 23% y en 2010 el 18%. Otra fuente, la OIT, dice que en 2010 es el 10% de la Población Económicamente Activa, 56 millones, o sea 5 millones 600 mil trabajadores. Pero no confundamos los hechos, pues una cosa es la caída de la tasa de sindicalización internacional en la era neoliberal, desde los años 80, y otra es la caída en México.

La cuestión de fondo es: ¿qué tipo de sindicatos hay en México? La mayoría son de simulación -ni siquiera sus afiliados saben que lo están-, ni que existe un CCT ni estatutos. Es un sindicalismo de apariencia, con registro en las Juntas, oculto a los trabajadores.

En México, el sindicalismo blanco o patronal siempre existió, pero nunca como ahora. Veamos: la Confederación de Trabajadores de México (CTM), es la central más grande; nace en 1936 al fragor de las luchas con un promedio de 600 huelgas al año de 1935 a 1938 y de más de 400 huelgas entre 1943 y 1944. El cardenismo dio un fuerte impulso a la economía de 1940 a 1970 al hacer más justa y equitativa la distribución de la riqueza y al nacionalizarla.

Luego, al llegar el Partido Revolucionario Institucional y con Miguel Alemán, de 1946 a 1952 la CTM pasó a ser sindicalismo charro u oficial a través de la violencia y el uso del ejército. Pese a todo, y como vemos en la estadística de INEGI, todavía entre 1995 y 1997 las huelgas fueron entre 500 y 300, pero ya en franca caída; ya que desde 1988, con Salinas y los sexenios que siguieron, los sindicatos de la CTM y de otras centrales se adhieren al neoliberalismo empresarial y oficial, hasta convertirse en 35 años en una mayoría de sindicatos blancos, ya ni siquiera charros.

La degradación neoliberal del mundo laboral y sindical

De 1994 a 2015 crecen como nunca las empresas maquiladoras de la frontera norte primero y, después, en el centro del país, con sindicatos y una contratación colectiva “a la carta”, al gusto del patrón transnacional o nacional que, en conjunto, fueron el principal impulso industrial en los años del TLCAN: con bajísimos salarios y CCT de simulación o protección patronal. Con la participación de los líderes de la CTM y otras centrales, autoridades y representantes de empresas.

Otro elemento clave y contrario a la libre contratación colectiva y a la libertad sindical es la política de Estado del tope salarial, que aplican los gobiernos: ¿Qué se puede negociar con la rigidez impuesta desde arriba? Nada. A todos los rige el mismo porcentaje, no obstante que hay mini-empresas, pequeñas, medianas, grandes y trasnacionales, cuyas economías, como las últimas, son la más beneficiadas. Así, el apoyo oficial es mayor a las trasnacionales extranjeras y “nacionales”.

Y qué decir de los CCPP ya denunciados en la OIT –caso 2694, México- en la ONU, la OEA y el Parlamento Europeo. Que siempre han existido, pero nunca como ahora: hoy son la mayoría. Pues la actual degradación laboral y sindical nunca había caído tanto. La CTM de Fidel Velázquez era sin duda antidemocrática y corrupta, pero defendía los contratos colectivos y la Ley Federal del Trabajo (LFT), hasta 1988, etapa en que crecieron los CCT, las utilidades, el IMSS y el ISSSTE.

¿Qué son los CCPP? Son los que desconocen los trabajadores a los que se les aplica; se depositan ante las Juntas Federales y Locales con formatos de machote; las prestaciones son las mismas de la LFT o apenas las superan en empresas grandes; impiden la bilateralidad de las partes –capital y trabajo-, lo que facilita la explotación del trabajo y, sobre todo, abaratan los costos de la mano de obra: su real finalidad.

Ahora sí podemos preguntarnos si es cierta la explicación del titular de la STPS. Cierta es su alegría a no dudar, como cierta es la tendencia a la baja del número de huelgas y de los emplazamientos. No

así las causas del “diálogo social” ni la “la paz laboral”. En foros internacionales de la OIT, del Parlamento Europeo y en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, el gobierno afirma y repite que con las reformas laborales del 28 de abril de 2016 de Enrique Peña Nieto, se van a corregir la falta de libertad sindical y libre negociación colectiva, que mejorarán los salarios y las prestaciones, etc., con dicha reforma.

Lo cierto y de fondo son la degradación del mundo laboral y la omisión en la aplicación de los derechos nacionales e internacionales. Todo para poder ejercer el control empresarial y oficial sobre los sindicatos, lo que influye en el sistema político, el régimen electoral y en el funcionamiento de la economía: sea en la tasa de ganancia y de explotación, por lo tanto, en la acumulación misma de capital. Para eso sirven los sindicatos dóciles.

Las ventajas comparativas del TLCAN de antes, hoy son desequilibrios y actos de deslealtad empresarial. Porque los excesos de desigualdad crecen: hoy vale menos el salario obrero mexicano que en 1994. Así la mano de obra nacional ya no es ventaja comparativa, es competencia abusiva y desleal entre patrones. Pero claro, ahora sin sindicatos, sin huelgas ni auténticos contratos colectivos, es lo que ofrece México.

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[1] Según el presidente Ávila Camacho lo afirma al pedir al líder minero que se desista de la huelga. Ver Trabajo y Democracia hoy. No. 128 especial, Las 100 luchas obreras del siglo XX, pp. 59 y 61. En el mismo número de la revista se ofrecen datos de los sindicatos, sindicalistas y huelgas de esos años, pp. 35 a 43.

[2] Guadalupe Rivera Marín: El mercado de trabajo. FCE. 1955

* Coordinador de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD).

Imagen de portada: Alfonso Navarrete Prida, secretario del Trabajo y Previsión Social, en una conferencia el 31 de agosto de 2017. | Foto: Tercero Díaz / Cuartoscuro.

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