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NO TODOS LOS NIÑOS CELEBRAN EL 30 DE ABRIL

Se acerca el 30 de abril, día del niño en nuestro país; son muchos los infantes que ansiosos esperan la llegada de esta festividad, no obstante, las risas, los...

Se acerca el 30 de abril, día del niño en nuestro país; son muchos los infantes que ansiosos esperan la llegada de esta festividad, no obstante, las risas, los regalos y los juegos, no llegan a todos los pequeños, ya que son muchos los que viven en pobreza extrema, trabajan desde muy temprana edad o simplemente no tienen hogar.

Se estima que en el mundo hay alrededor de 120 millones de niños viviendo en la calle, además, en México 20 millones de niños viven en condiciones de pobreza, 3.3 millones tienen que trabajar y 4.5 millones dejaron la escuela a causa del coronavirus, pandemia que ha acentuado la violación de sus derechos humanos y aunque hemos ganado terreno en cuanto a dicha enfermedad, son miles los niños que no han vuelto, ni volverán a las aulas.

El origen del Día del Niño surge en la época de la Primera Guerra Mundial ya que en ese entonces, algunas personas se dieron cuenta del grave peligro que corrían los niños no sólo durante los conflictos armados sino en general.

Es así como con el fin de proteger a los niños que fueron víctimas de aquel conflicto mundial, se fundó la organización Save the Children y se impulsó la Declaración de los Derechos de los Niños.

Sin embargo y como se ha mencionado en previas líneas; hay poco que celebrar cuando se tiene hambre, cuando se caminan largos tramos pidiendo una moneda, cuando el arduo trabajo se hace presente pese a no ser el adulto a quien se le impone esa responsabilidad, cuando el calor, el cansancio y la desesperanza es el pan de cada día; cuando la indiferencia duele más que el propio cuerpo o cuando la ausencia de una figura paterna, materna o la de un hogar, figurada o físicamente es la realidad del día a día.

El 30 de abril suele vestirse de júbilo tras el eco de las risas de los pequeños, que de la mano de sus padres juegan y se divierten, celebrando una de las etapas más importantes de nuestros días, llenando el estómago con golosinas y platillos exquisitos, sudando de tanto correr y con las ropas sucias, llenas de pastel, de césped y tanta cosa como se atraviesa.

No obstante, la otra cara es la que duele, la que cercena y desgarra el alma; cuando el sudor es el resultado de una jornada laboral y no la de correr esperando no nos atrapen nuestros compañeros de juego, cuando la suciedad en la ropa es resultado de la ausencia de un hogar, de servicios como a ceso al agua potable o porque no se cuenta con más en el closet, cuando la panza duele no de reír, sino de hambre y que con todo y eso, con todo y que son miles los niños que viven esta cruda realidad, se es invisible a la sociedad, a los gobiernos y al mundo.

Evidentemente falta mucho por hacer en favor de la niñez mexicana, de la niñez salmantina, pues no es ajeno ver en diversos puntos del municipio, a niños pidiendo dinero, trabajando o en situación de pobreza; y aunque hay quienes les proporcionan alguna moneda, otros más creen que hacerlo es fomentar la explotación laboral en niños.

Sea cual sea el trasfondo, lo cierto es que se deben implementar mayores estrategias para brindar a los infantes, herramientas para acceder a un mejor estilo de vida y mayores oportunidades, además de respetar sus Derechos Humanos, los cuales se encuentran previstos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en los Tratados Internacionales y en las demás leyes aplicables, como en la Convención sobre los Derechos del Niño y en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.

Debemos analizar, como sociedad, la situación de cada niño en situación de calle, pobreza o que trabaja desde pequeño, a fin de entenderlos mejor y ponerlos en contacto con instituciones o personas adecuadas que atiendan sus necesidades y trabajen con las causas estructurales de su situación.

Por lo anterior, no muchos celebran, no muchos esperan ansiosos el 30 de abril, sin embargo, algunos ciudadanos suman esfuerzos y se organizan para repartir sonrisas por propios medios, regalando algún bocadillo o juguete, intentando cambiar, al menos en ese día, la realidad que les ha tocado vivir; por supuesto que es un acto de humanidad y empatía, aunque lo ideal sería ya no ver esos escenarios tan desalentadores y encontrarnos algún día con los parques llenos solo de pequeños jugando y no como la morada de aquellos menos afortunados, que sean abrazados por el prójimo que los felicita y no por el frío, el calor, el hambre o la sed y sobre todo, que pronto, todo los niños tengan las mismas oportunidades y sean respetados sus derechos, para en efecto, tener un día que pueda celebrarles al cien por ciento y que se logren cambiar esas lágrimas y tristeza, por sonrisas y alegría.

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