En Salamanca, los repartidores de motoenvíos han salido a defender su labor diaria, asegurando que no son los únicos responsables de los accidentes y la falta de cultura vial que se les atribuye.
Señalan que también automovilistas particulares y choferes del transporte público incurren en prácticas peligrosas, como lo son aventar la lámina, no usar direccionales, no espejear y, en algunos casos, incluso intentar agredirlos para tirarlos al asfalto. Reconocen que entre sus compañeros existen conductores imprudentes que se pasan altos o rebasan de manera arriesgada, pero subrayan que no todos actúan así.
Para ellos, la clave está en portar casco, contar con licencia y manejar de forma defensiva, pues además de los vehículos, también enfrentan riesgos con peatones distraídos que cruzan sin precaución. El fenómeno de los motoenvíos se multiplicó en Salamanca desde la pandemia, cuando muchos salmantinos encontraron en la motocicleta una alternativa de empleo ante la falta de trabajo.
Los repartidores hacen un llamado a la conciencia para así evitar manejar cansado, bajo los efectos del alcohol o distraído. Advierten que las calles de Salamanca ya representan un riesgo constante, pero las carreteras que rodean la ciudad como la federal #43 y la federal #45—son aún más peligrosas por la velocidad y el flujo de transporte pesado.































