Lo que debería ser un derecho básico comienza a sentirse como un privilegio. Un recibo de 3 mil 101 pesos bajo tarifa doméstica popular volvió a encender la inconformidad contra CMAPAS y, sobre todo, a poner en tela de juicio su sistema de medición.
El documento marca un consumo de 63 metros cúbicos, es decir, 63 mil litros de agua en un solo periodo. Para dimensionarlo, esa cantidad alcanzaría para llenar alrededor de 57 tinacos de 1,100 litros cada uno en un mes.
La cifra resulta difícil de asimilar para familias de dos o tres integrantes que aseguran llevar un consumo ordinario. Bañarse, lavar, cocinar y limpiar no parece justificar volúmenes que superan con creces el promedio habitual de un hogar pequeño.
El total final rebasa los tres mil pesos porque al suministro se suman cargos por drenaje, tratamiento de aguas residuales e impuestos. El impacto económico es inmediato. Para muchas familias, esa cantidad representa una despensa completa o el pago de otros servicios esenciales.
El agua es un derecho humano, pero hoy para muchos salmantinos empieza a sentirse como un lujo. Más allá del monto, lo que genera inquietud es la falta de claridad cuando el consumo se dispara de forma abrupta. La confianza en la medición es clave en cualquier servicio público, y cuando esa confianza se debilita, el malestar crece.
En Salamanca, el debate no es solo cuánto se paga, sino cómo se está midiendo y bajo qué criterios se determina que un hogar promedio consuma el equivalente a decenas de tinacos en apenas un mes.
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