La rabia es una enfermedad antigua, presente tanto en la historia, la literatura, como la medicina. En las primeras civilizaciones de Oriente Medio, como Egipto y Mesopotamia, ya aparecen descripciones de esta enfermedad, e incluso es mencionada en el Código de Eshunna, en el 2300 a. e. c. y en la iliada Homero califica a Héctor como “rabioso”.

En la antigüedad, los filósofos presocráticos, Demóstenes y Epicarmos llamaron a la rabia “lyssa”, palabra en griego que significa «gusano», ya que se creía que era ocasionada por gusanos que invadían el cerebro desde debajo de la lengua, creencia que duró hasta ya entrado el Siglo XVIII.

Hoy en día sabemos que la rabia es causada por un virus con una característica forma de bala (género Lyssavirus) y que se transmite principalmente a través de la saliva de animales infectados el virus.

Los síntomas de la rabia no son inmediatos. Cuando un animal, o humano, adquiere la infección por rabia, las manifestaciones clínicas aparecen luego de un periodo de incubación muy variable, que puede ir desde los diez días hasta los seis meses. Conforme el virus de la rabia se replica y dispersa por el sistema nervioso, se desencadena una inflamación de la médula espinal y el cerebro que termina produciendo la muerte.

Esta enfermedad puede manifestarse a través de dos formas: rabia furiosa, en la que hay hiperactividad, excitación, miedo al agua; o rabia paralítica; en la que los músculos se paralizan progresivamente desde el lugar donde ingresó el virus.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 99% de los casos de transmisión de rabia a los humanos ocurren a causa de la mordedura de un perro infectado con el virus de la rabia. Ya desde la Grecia Antigua Aristóteles habló de los perros como posible vía de transmisión de esta enfermedad.

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A principios de la década de 1880, Louis Pasteur realizó investigaciones sobre varias enfermedades infecciosas, entre ellas la rabia. Para 1885 logró prevenir esta enfermedad en Joseph Meister, un niño de 9 años que había sido atacado por un perro rabioso. El procedimiento que Pasteur realizó fue inocular el virus atenuado en el niño, es decir, aplicando una vacuna.

Para prevenir la rabia, los países realizan diversas estrategias, entre ellas la vacunación antirrábica masiva de perros y gatos.

Cada año la Secretaría de Salud realiza campañas de vacunación antirrábica gratuita para perros y gatos, aplican millones de dosis de vacunas.

Gracias a esto, desde el 2006 México no tiene casos de rabia trasmitida por perros.

A nivel individual, en caso de ser mordido por un perro, es muy importante lavar de inmediato y a fondo de la herida con agua y jabón durante un mínimo de 15 minutos y acudir a la unidad de salud más cercana para recibir tratamiento.

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