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9 ESPECIES NUEVAS SON DESCUBIERTAS POR CIENTÍFICA DE UNAM EN AGUAS PROFUNDAS DEL PACÍFICO

La expedición DeepCCZ del Museo de Historia Natural de Londres, con la participación de la bióloga universitaria Guadalupe Bribiesca-Contreras, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), encontró nueve especies nuevas para la ciencia en aguas...

La expedición DeepCCZ del Museo de Historia Natural de Londres, con la participación de la bióloga universitaria Guadalupe Bribiesca-Contreras, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), encontró nueve especies nuevas para la ciencia en aguas profundas del Pacífico, a más de cuatro mil metros de profundidad. 

Bribiesca-Contreras cursó la licenciatura en Biología en la Facultad de Ciencias y la maestría en Ciencias del Mar y Limnología en el posgrado del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM.

Las zonas profundas del océano donde se hallaron los especímenes inician a 200 metros de profundidad y pueden llegar hasta 10 kilómetros, y se caracterizan por tener “una presión tan grande que es capaz de compactar muchas cosas”.

No hay luz, las temperaturas son bajas –aproximadamente de cuatro grados Celsius– y en la mayoría hay muy poco alimento, explicó.

La expedición del proyecto DeepCCZ fue para visitar la zona oeste, que está abandonada y muy cerca de Hawái. La idea fue muestrear tres de estas áreas protegidas para ver qué tan similares son a las que ya se han asignado a países o empresas.

“El mar profundo está poco explorado porque es muy costoso hacerlo. Nada más para llegar a la zona donde estamos trabajando son cuatro días y medio de navegación. Son cruceros de 45 días/dos meses que cuestan millones de dólares. Conseguir el recurso es muy difícil, por eso cada vez que hay la oportunidad vas a un área que no se ha explorado nunca; pero cuando ves los puntos en el mapa son todavía muy pocos porque el mar profundo es más de 90 por ciento del hábitat disponible del planeta. No puedes gastar recursos en regresar a la misma zona, todo el esfuerzo son puntitos diminutos en un mapa enorme”, expresó la especialista.

La revista científica ZooKeys, difundió los resultados del estudio, los cuales señalan que “se recolectaron 55 ejemplares de megafauna bentónica de montes submarinos y llanuras abisales”, estos se han analizado “usando evidencia tanto morfológica como molecular” y “se encontraron 48 morfotipos diferentes pertenecientes a cinco filos, únicamente nueve atribuibles a especies conocidas y 39 especies potencialmente nuevas para la ciencia”.

La bióloga cuenta que “los especímenes de megafauna se recolectaron con el manipulador, el muestreador de succión o los núcleos de empuje, de acuerdo con las características de cada espécimen para preservar mejor los caracteres morfológicos. Las muestras recolectadas con el manipulador se colocaron en el receptáculo de la caja biológica, mientras que las recolectadas con el muestreador de succión se almacenaron en una caja de succión”.

La falta de estudios en la zona –a pesar de que fue explorada por primera vez en 1875– ha complicado el avance de los exámenes realizados por la expedición. Como lo explicó la investigadora: “uno de los grandes retos fue que casi todo esto se hizo durante la pandemia.

El otro problema con los animales de mar profundo es que hay pocas expediciones a la misma zona, es difícil recolectar estos especímenes y muchos de ellos son muy frágiles.

“Hay muy poco material para comparar. Sin embargo, tenemos nueve que sí, seguro son nuevas especies. La gran ventaja fue que teníamos video de cómo se veían ahí abajo, el manipulador del ROV los agarra con cuidado, los pone en una cajita y entonces están en mucho mejor forma; podemos ver varias características que, a lo mejor, se perdieron en los ejemplares que se usaron para hacer las descripciones originales. Ahora estamos en el dilema de ‘se parece a esto, pero hay caracteres que no cuadran’, no sabemos si es porque hay tan pocos ejemplares recolectados que no logramos identificar qué tanto es como nosotros, que hay ojos de un montón de colores, formas de nariz, o sea, cuánto es variación entre la morfología de la misma especie y qué tanto cambio ya lo hace otra”, argumentó.

Cabe señalar que al igual que su equipo, muchos otros alrededor del mundo están trabajando a contrarreloj, ya que diversas empresas mineras buscan comenzar a explotar comercialmente la zona CCZ para el 2024 sin tener estudios extensos sobre el impacto que podría tener la actividad minera en dicho hábitat. De momento, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (International Seabed Authority, en inglés) no ha autorizado concesiones de explotación comercial en el área.

Las compañías interesadas argumentan, de acuerdo con la especialista, que a diferencia de la minera terrestre, la que se realiza en aguas profundas no implica un gran impacto para el ecosistema marino.

“Ahora hay muchísimos grupos en el mundo que estamos trabajando a contrarreloj para tratar de describir los ecosistemas de la mejor manera posible y entender un poco las interacciones con otros ecosistemas en zonas aledañas. Se trata de proteger lo más que se pueda dentro de la zona y entender los posibles impactos de la minería, ojalá pudiéramos tener un plan de manejo adecuado en los siguientes dos años”, concluyó.

Fuente: Aristegui Noticias

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