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Alfonso Díaz Rey

Cambio climático

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Las noticias que se generan en torno al cambio climático son, para quienes tengan un mínimo de información sobre el tema, cada vez más aterradoras; y no es exagerada esa calificación.

Los indicadores más comunes para evaluarlo: incremento de la temperatura, la concentración de gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, metano y óxidos de nitrógeno), el incremento del nivel medio del mar, el derretimiento del hielo  en los polos y glaciares y la atípica formación de fenómenos meteorológicos extremos, son cada vez más alarmantes.

Ante tan aterradora situación se citó a una reunión, que iniciaría el martes 9 de mayo en París, para buscar la manera de implementar el acuerdo sobre cambio climático que en diciembre de 2015 firmaron 195 países en la capital francesa; entre los firmantes estuvo el gobierno de Estados Unidos, que en ese tiempo encabezaba el presidente Barak Obama.

Desafortunadamente, el propio gobierno de Estados Unidos, ahora con Donald Trump como presidente, postergó por segunda ocasión tal reunión, aun cuando son, como país, el segundo emisor de gases de efecto invernadero, después de China, actitud que muestra el desinterés y desprecio por la vida ya que, no obstante la evidencia científica, el actual gobierno norteamericano, en apoyo a los monopolios de la industria energética, niega tal fenómeno como una consecuencia del irracional empleo de combustibles fósiles y patrones de consumo que implican elevados índices de utilización de energía.

Por otro lado, las medidas con las que se ha intentado responder al desafío que representa el cambio climático han sido hasta el momento ineficaces (los indicadores así lo evidencian), ya que algunas de ellas son impulsadas por grandes corporaciones y de alguna manera su implementación les genera ganancias o, en el peor escenario, les evita pérdidas. Tal sería el caso de los bonos de carbono.

Además, el hecho de que el cambio climático sea consecuencia de las actividades humanas (efectos antropogénicos o antrópicos), en algunos círculos se maneja en el sentido de que todos somos responsables de tal fenómeno, sin reparar que existen sociedades con altos niveles de consumo alcanzados mediante el despojo de los recursos de otros, que ocasionaron estancamiento, y en ocasiones impedimento, en su proceso de desarrollo, situación que los colocó en condiciones desfavorables y de subordinación en casi todos los órdenes a los países más desarrollados.

Esa desigualdad e inequidad entre países y al interior de cada uno de ellos, característica del sistema económico predominante en un mundo donde domina el capital (fundamentalmente el financiero), mundo en el que prácticamente todo se ha convertido en mercancía y el objetivo es la obtención de la máxima ganancia, la responsabilidad de los efectos de ese sistema no puede ser compartida en igual medida por todos los seres humanos.

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Y ese sistema en el que una ínfima parte de la población vive muy bien y aun dilapida una parte sustancial de la riqueza que genera el trabajo de la sociedad entera, tiene, como la otra cara de la moneda, a la inmensa mayoría de la humanidad trabajando para ellos, percibiendo salarios que solamente les permiten recuperar las energías para laborar el día, semana o quincena siguientes y, en cada vez menos casos, crear y preparar su relevo para ser, como en un círculo vicioso, objeto de futura explotación, reproduciendo de ese modo una de las condiciones que al sistema le permiten su predominio; pero también se reproducen los problemas y contradicciones, que cada vez son más grandes e irresolubles.

En la actualidad, esos problemas y contradicciones se reflejan en una larga e interminable crisis que golpea a todas las esferas de la vida. Su manifestación más peligrosa es la ambiental y el cambio climático es sólo una de las formas en que la percibimos. Si a ello agregamos la devastación que provocan los megaproyectos mineros, energéticos, hídricos, urbanos y turísticos, además del peligro latente de la guerra, completaremos el aterrador cuadro que se pintó al inicio de esta entrega.

El haber llegado a este punto, situación en la que nos va la vida como especie, no queda otra que tomar conciente y organizadamente, como sociedad y como humanidad, la decisión de ser nosotros quienes decidamos por nuestro futuro.

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